miércoles, 14 de mayo de 2008

Me gusta el olor de gasolina de los zippo pero odio el de los coches

Ha sido mirarme reflejado en uno de los pocos charcos de lluvia que quedaban y destruirme entero. Por recordar cuando nos mordíamos los labios, Teresa.

Un autógrafo, una disculpa, un número de móvil en el bolsillo del vaquero, un mechón, una promesa invisible, un colchón sin estrenar.

El piso cada vez se me hace más pequeño. Pierdo los muebles por pensar demasiado en ti ti.

Ojalá no te hubiera desconocido nunca.

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