Llevo diez días, tres horas e incontables segundos con pesadillas. Si morirse fuera fácil, lo tendría todo hecho. Los días en que se me agota el tabaco y todo está cerrado tengo que volver a inventarme algún síndrome de algo para no caerme de asfixia.
Sigo sintiéndome mal y esto no se para.
No entiendo nada. No sé si estar en un bando o en otro. Cómo pude ser tan iluso. Darlo todo nunca conduce a nada, maldita sea. Esta mañana me he enterado de que soy guapo, lo que vulgarmente se dice "un tío bueno". Y lo digo sin un ápice de presunción.
Teresa hacía siglos que me engañaba con la zorra de la francesa. Mientras yo veía mi serie favorita. Mientras yo me ofrecía voluntario para prepararle la cena. Mientras yo me duchaba sin ella.
El día en que dejamos de ducharnos juntos yo debería haber sabido que aquello se terminaba como las óperas de varios actos. Pero sin aplausos ni entreactos para tomar aliento.
Teresa ya hacía siglos que me despensaba. Me des-pensaba.
Me iba borrando de sus anotaciones en la agenda, de sus sms, de sus mails, de sus post-its en el baño... Y lo peor: me estaba borrando de sus pupilas.
Me convertí en un vampiro que no se refleja en los ojos de su amor.
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1 comentario:
Ewan, te leo. Ánimos.No sé qué más puedo decir... Teresa siempre tuvo el pelo demasiado liso para ser verdad.
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