Me desespera saber que Teresa me engañaba. Al no vivir juntos, todo era más sencillo. Poner los cuernos, básicamente. Yo lo notaba. Y en el fondo lo intuía. Pero era como un perrillo enfermo que suplica cuidados. Yo recogía imágenes que luego procesaba en mi mente: cuando ella cerraba las ventanas del ordenador en cuanto yo entraba por sorpresa en su cuarto, cuando la oía colgar el teléfono, cuando le vibraba un sms dentro del bolso. El engaño ya estaba preparado.
Y yo, mientras, en lo alto de mi amor, de mi vida y de mi presente. Creyendo en ella, en nuestra historia juntos y planeando viajes a Praga cuando ella los planeaba ya con otro. Cómo me duele todo esto. No poder hablar con ella, ni reírnos de las cosas de las que nos reíamos.
Se acabó. Y me duele. Mucho. Como si cada vez fuera a más.
martes, 17 de abril de 2007
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